• Apr 5, 2014

In Their Own Words: Interviews with Mexican Migrants, Part Three

The Mexican Migration Project (MMP) is a joint Mexican-United States research effort dedicated to gathering social and economic data about documented and undocumented Mexican migrants. They host all of this data, completely and freely available to the public, on their website. They also feature interviews, available in both English and Spanish, with thirteen different Mexican migrants. Below is an excerpt--in English and Spanish--of an interview with Ricardo entitled "Who says Mexicans can't make it?/Que los mexicanos no podemos?"

 

 

I was unemployed for three days only. Since I had many more acquaintances, I started working at a furniture factory called Haipers. I started as a loader and it was hard. We loaded trailers all day long for a 12 hour shift. When I started there, I had studied English in the evenings at Benny High for a year and a half.

I spoke some English, but for that job it was important because we had to deal with truck drivers, who were Americans or African Americans. That’s how I practiced my English. I managed the orders by myself, and that’s how I got the complete daily shifts. Most of the loaders were from El Salto; many of them had experience, but didn’t know English. I knew enough to maintain a conversation with a truck driver. However, I had to work for about two years before I started as a supervisor’s aid. I was told, “Take five loaders and load the trucks going to Washington or Hollywood.”

I always wanted to learn in order to progress. So, when I obtained the position of helper, I obtained my driver’s license in order to be able to drive. I worked as a helper during the day, and at night, I drove trucks to San Diego, Los Angeles, Arizona and San Francisco. I did that for about four years, and I obtained extra money. My wage as a helper was $7 dollars per hour in the 1970s, not counting my trips. The factory grew and move to Torrance. That’s when they started day and night shifts. My supervisor stayed working during the day with me as his helper. Then, after two years, I started as a supervisor at the night shift. My wage as a supervisor was $10 dollars per hour plus benefits. It was a good job because I spent all day in an office with my coffee just supervising everything.

In the production section, there are not many Americans, instead there are more Mexicans – from El Salto and El Valle. There were about 300 documented and undocumented workers. During those years, there were many workers without documents. They used to require the green card, but one could buy one for $25 dollars. The boss knew it was not good, but took it as a proof.

By then (1975), I was the general supervisor, but I wasn’t accepted by everyone. There were a lot of politics because everyone wanted my position; people, who weren’t able to ascend as I’d done, envied me. I had problems with workers from El Salto, Acatic, and El Valle. I gave orders and people didn’t obey me or did it whenever they wanted. One time, they started saying that I was allowing my workers do drink beer while working, or simply they were not working as hard as they were supposed to, or that the clock was not correctly set and they were being affected by it. So, one day the main boss fired me. There were a lot of problems. Sometimes I had thought about retiring, but my wage was a lot better than a lot of people who had worked there for 20 years. So, when they fired me, I told my wife, “I got fired. I finally escaped.” I was so happy that I celebrated with wine. I went with the owner to get the money they owed me: $40K. They took about 5 months to pay me, and I didn’t work for two months.

I started working at a furniture store, with an American. He wanted someone to deliver the furniture, and I got paid $10 dollars per trip. The store was in Englewood, near my home. During that time, I learned all about furniture and all the factories. Then, in front of my home, I leased a place and I started my own business selling mattresses, sofas, dining sets, and bedrooms. It was a good business because I knew where to buy and sell. I usually sold my products to the African Americans. It was such as good business that I profited up to $300 dollars daily. I was in my business from 10am until 6pm. While I was there, one of my children used to pick up the trash from the apartments, and my wife was getting the money from the rents. At the beginning, I just started the store just because. If Americans could do it, why couldn’t I? I had the same rights, and I knew all about furniture. All of the businesses at the time were either American or Japanese; I felt proud of having a Mexican business.

- “Well, can’t Mexicans start their own business?” I thought.

Sometimes it’s the fear of the unknown that people don’t start a business. Right now it’s different because the conditions have changed over there; but before, you could start a business and be successful. The U.S. is a country where everything is bought and sold. Everything is a business.

Full interview

 

Me quedé solamente tres días sin empleo, como tenía muchos contactos ellos me recomendaban, fue así como entré a trabajar a una fábrica de muebles para oficina, la empresa se llamaba Haipers, mi primer puesto fue de cargador y eran unas friegas, cargábamos trailers todo el día sin parar, trabajaba hasta 12 horas diarias; cuando entré tenía un año de ir a una escuela de inglés, cuando salía de trabajar me iba a la escuela, empecé a ir de vacilada, pero me aguanté un par de años en la Beny High School, por eso cuando llegué ya más o menos hablaba inglés.

Eso era muy importante porque había que tratar con chóferes, que por lo regular son americanos o negros, así fue como empecé a practicar mi inglés, manejar órdenes, entregar por mi cuenta, ya una vez que empiezo a hacer esto comencé a agarrar turnos completos, por cierto, la mayoría de los cargadores eran mexicanos, de El Salto, muchos tenían la experiencia pero no sabían el idioma, yo sabía lo necesario como para entablar un diálogo con el chófer, pero esto tampoco estuvo rápido, tuve que trabajar un par de años para que me empezaran a dar órdenes, desde ese momento ya entraba como ayudante de mayordomo porque me decían:

- Tu agárrate 5 gentes y este bonche de órdenes que van a Washington o a Holywood y a cargarlo.

Lo que buscaba siempre era aprender para ir progresando, por eso cuando me dan el puesto de ayudante le pido a la empresa que me deje sacar mi licencia para manejar.

Como ayudante trabajaba de día y, a veces, en la noche me aventaba viajes para San Diego, Los Angeles, Arizona y San Francisco, esto fue a los cuatro años, me rayaba feria extra, ganaba como ayudante 7 dólares la hora, allá en los 70's, sin contar los viajes; pero empieza la empresa a crecer y tuvo que cambiarse de edificio, se mudó a Torrance, fue cuando hicieron turnos de día y de noche, el mayordomo con el que trabajaba se quedó de día y yo, como ayudante, después de dos años, me ponen de mayordomo en la noche, encargado de todo el departamento y, en el día, de repente, daba viajes; como mayordomo ganaba 10 la hora y tenía otros beneficios, porque daban bonos cada año, además estaba en un programa donde nos repartían las ganancias, en ese tiempo ya era papita, pues nada más me la pasaba en la oficina con mi cafecito checando todo.

En producción no había muchos gringos porque corrían rápido, uno de mexicano es más trabajador, ellos no aguantaban la carrilla, como se trabaja en línea, en las que no podía pararse, entonces el gabacho no podía trabajar igual que los mexicanos; por lo regular eran casi puro de El Salto y del Valle, por toda la empresa seríamos como unos 300, entre documentados e indocumentados, en ese entonces había muchos sin papeles, en aquel tiempo te pedían la mica pero tu la comprabas en 25 dólares, la presentabas, el patrón sabía que era chueca pero el con eso se amparaba porque le convenía.

En esos días era algo así como mayordomo general, pero no estaba aceptado por todos, había muchas políticas, mucha grilla, muchos que querían mi puesto me envidiaban; tenía problemas con gente de El Salto, de Acatic, Del valle, gente que no había podido subir como yo, y quería hacerlo a fuerza de puro quemar; esto fue por el 75, así empezó la cosa: llegaba a tal departamento, daba la orden y les daba coraje, de repente no lo hacían o lo hacían tarde, los mexicanos son malinchistas, a un gringo le decimos okey, o como no, y en cuanto me dan el puesto empieza la carrilla, así fue subiendo la bronca, hasta que una vez sacaron conque estaba dándole a mis trabajadores chance de que tomaran cerveza, o que flojeaban mucho, que la alarma no la ponía bien o que un troque salía vacío, y todo por culpa de ellos, hasta que me dice un superintendente:

- ¿Sabes que?, estas corrido.

Era un gringo que tenía bien chiqueado a uno de los que querían mi puesto, era de El Salto, pero no tenía nada de preparación, tanto le llenó este chavo a aquel señor de que no convenía, que dejara el puesto y la fregada, fue cuando me corrió, para ese entonces ya estaba hasta el cuello de tanto problema, porque trabajaba mucho en la empresa y en mis departamentos, a veces pensaba retirarme, pero no lo hacía porque tenía trabajando muchos años y veía a la fábrica como mi casa, todo esto fue en el 78, en ese tiempo ganaba más que muchos que tenían hasta 20 años, solo en los departamentos ganaba casi el doble de mi salario; llegó un punto en que la empresa no me hace mucha falta, además que no podía con la empresa y los departamentos, pero como no tenía valor para renunciar, aprovecho cuando me dice ese señor que estoy corrido, era lo que esperaba, llegué a mi casa y le digo a mi esposa:

- Me corrieron, ¡hasta que por fin escape!

Me dio un gusto tremendo, hasta me eché un vino para celebrarlo, ya no fui a hablar con el patrón pero si a cobrar mis 40000 dólares porque me corrieron, tardaron 5 meses para pagarme y duré un par sin trabajar.

Me metí a una mueblería, de un gringo, donde querían gente que entregara muebles, me daban 10 dólares por viaje, quedaba en Inglewood, cerca de mi casa, en esos meses me enseñé a conocer todos los muebles y todas las fábricas; después, enfrente de mi casa, renté un local y lo llené de colchones, sofás, comedores, recámaras y empecé a vender, era una mina ese negocio porque ya sabía donde comprar y como vender, así me metí a ese negocio, por lo regular le vendía a negros, se llamaba Ciénega, fue un negocio tan bueno, se vendía tanto, me ganaba 100 que 200 o hasta 300 diarios, atendía mi negocio de 10 de la mañana a 6 de las tarde, y los departamentos en la mañana, mandaba a mi hijo a que sacara la basura, a mi esposa que cobrara las rentas; cuando pensé en la mueblería la puse nomás como un capricho de mexicano hacia los gringos, empecé a investigar cómo hacer; como pedían los mismos trámites que los americanos dije:

- ¿Por qué no hacerlo?

Lo hice, pues sentí que tenía los mismos derechos, estaba sin trabajo y además conocía el ramo de los muebles, pero, más que nada, me sentía orgulloso de hacer un negocio mexicano, porque en aquel tiempo todos los negocios eran gringos y japoneses, pensaba:

- Bueno, ¿que los mexicanos no podemos poner un negocio?

Y es que allá el miedo a lo desconocido te hace que ni siquiera le busques, le rasques para progresar, ahorita no, porque ya hay otras condiciones, en aquel tiempo lo que tu ponías lo vendías, es un país donde la gente todo te compra y todo vende y todos pueden negociar, es un país de puro mercantilismo.

Entrevista completa

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