In Their Own Words: Interviews with Mexican Migrants, Part One

The Mexican Migration Project (MMP) is a joint Mexican-United States research effort dedicated to gathering social and economic data about documented and undocumented Mexican migrants. They host all of this data, completely and freely available to the public, on their website. They also feature interviews, available in both English and Spanish, with thirteen different Mexican migrants. Below is an excerpt--in English and Spanish--of an interview with Antonio entitled "All my thoughts are about returning/Todos mis piensos son volver pa'trás":


From all the times I did go to the U.S., I remember that once I swore not to go back if I didn’t get papers. I remember I was crossing near Tecate. There was a lagoon; we took water for our trip, since we would walk for four or five nights. We had canned food and tortillas. We crossed alone because we didn’t want to pay the smuggler. We wanted to save that money – about 200 to 250 dollars. My brother in law knew the way and we went with him. Unfortunately, my feet got swollen for walking all night long. We walked and got water from another lagoon. There, we saw an small airplane flying by. We ran for cover. Then, my brother-in-law asked me, “How are you feeling? We’re going up a mountain, and it’s quite cold. If you fall down, we can die of hypothermia.”

We stayed by the lagoon. It was very cold! We heard a coyote howling. Next morning, we kept moving like robots because we were cold. We had to cross a highway, so there was danger. Once we crossed the highway, we came through the desert. Around 9 or 10am, we ate some breakfast. There were deer around.

We walked all day long. We ate cold tortillas, and after resting for an hour, we kept walking. It was getting dark and I was detaining the group. When we got up, I told them “You know what? I’m quite sick and I’m delaying your way. Go ahead. Just tell me where the closest town is or farm from here. I’ll reach you tomorrow if I can get a raid, but I’m feeling quite sick.” I couldn’t walk and my pants were very tight now. My brother in law said that we were together in all this. So, we were going to walk a bit more in order to sleep, so we could continue the next morning.

We stayed there and rested the next day as well. As dawn approached, we got down the mountain and I was feeling better. We walked all night and then, before the checking point, we stopped to rest. The next morning we reached another stop point where there was water. We saw a bucket, and we used it to shower. We stayed there for the rest of the day. We continued our way at night, when suddenly, it got very windy, like a sand storm. I told my brother in law, “let’s have a smoke and rest.” I was very tired with my feet like that. I laid down on the floor, and when I was stretching, I found a coke. Since we were thirsty, we drank it all. We continued our way all night long and took a rest early in the morning. About 2pm, we had reached Hanes town. We had walked five nights by then. We reached a water pomp, and found an American. We asked for a friend, and told him that I was sick and hadn’t had a meal in about three days. This American guy, called the friend we were looking for, and he probably exaggerated, because the friend arrived very quick for us.

We bought milk and cookies, and asked them to stop for some beers. I had 50 dollars with me. I always liked to have money with me in case I got deported. We bought a six-pack for the American guy. We returned to the place where we were found and went up a tree, to avoid the border patrol. We drank the milk, cookies, and the beer. Then, we went inside a home, and two persons offered us some food. “Don’t worry, we already passed through this,” one said. The other person didn’t like us much.

My brother in law got a job with them, and stayed with them for three days. We ate beans, flower, and potatoes. My brother in law could eat about 15 flour tortillas in one meal. From there, my brother in law called another person to pick us up. If this guy didn’t pick us up, we would have to walk one more night all the way to Hanes town. I told my brother in law to wait for them. The truth is that I was doing well. My legs were not good, even though, I was treating them with water and garlic. Finally, some guys picked us up, and charged us $25 dollars each to take us to Los Angeles. They fed us, and when we were getting closer, the car started to have problem.

- “Oh my, hopefully they will not return us.”

Full interview

De las veces que fui a Estados Unidos recuerdo la vez que juré no volver a ir si no arreglaba mis papeles, fuimos, no me acuerdo bien por donde, pero es en la dirección de Tecate, en el lado de Estados Unidos, llegamos a una laguna y nos abastecimos de agua pues íbamos a caminar cuatro o cinco noches, según como se pusiera el tiempo, de noche cuando hubiera peligro de la migración, de día cuando no lo hubiera, llevamos comida enlatada y tortillas.

Hicimos eso para no pagar coyote, porque el dinero que íbamos a pagar nosotros nos lo íbamos a ahorrar, creo que en ese tiempo cobraban 250 o 200 dólares, como mi concuño sabía el camino nos animamos.

Lo malo fue que a mi se me hincharon los pies porque caminamos toda la noche, y mi concuño medio se norteo poquito, nos amaneció en el mero peligro, ya casi clareando nos dormimos y fue cuando empecé con los pies bien hinchados. Empezamos a caminar cuando pardeaba otra laguna, volvimos a agarrar agua, andaba una avioneta que por mérito nos ve, como no sabíamos si era la migra o ganaderos de todos modos nos fuimos recio, oscureció y yo bien de los pies, mi concuño me dijo:

- Cómo te sientes, porque vamos a subir un cerro, es muy alto y hace mucho frío, caminando no hay peligro pero si te caes y nos quedamos allá nos helamos de frío y nos podemos morir.

- No, pues si quieres mejor aquí nos quedamos en el arroyo.

¡Un frillasazo!, en la mera sierra un coyotito allá andaba aullando; en la mañana, no, pues bien tieso, todo el manto, como hacen las plantas de salvia, bien tapado de escarcha de la brisa, nos levantamos y caminamos, no, como robots, bien tiesos del frillasazo, sin cobija, sin nada, nos fuimos por una subidita, teníamos que cruzar una carretera, había un poco de peligro, con cuidado, cerca de un aserradero, cruzamos la carreterita, nos vinimos por la sierra, se oía que andaban cortando madera pero no nos veían, a las 9 ó las 10 nos pusimos a almorzar, hicimos la lumbre y almorzamos, hasta los venados pasaban cortito.

Caminamos así todo el día, llegamos a un ojo de agua pero no pudimos comer por el humo, era de día, nomás tortillas frías, aquí fue donde mi concuño nos dijo de vuelta que siguiéramos, nomás descansamos como una hora y le seguimos, seguimos caminando, pero ahí como que me acabó, ya casi estaba oscureciendo, ya me dejaban, por no querer cruzar se iban por la vereda, atravesaban el cerro y yo iba bien más malo.

Íbamos tres, llegamos a donde estaba una brecha, le dije:

- ¿Sabes qué?, vengo bien malo, para que los voy a estar entreteniendo, o por mi culpa los van a agarrar, si quieres vayanse ustedes, nomás dime donde está el pueblito más cerquita o algún rancho, yo mañana llego si puedo conseguir un raite para delante, o no si me agarra la migra, pero me siento muy mal.

Eso le dije, ya no podía, a veces me agarraba de una varita que traía como bordón, a veces se quebraba y me iba como robot, ya no aguantaba mi pie, ya no lo doblaba nada, ya no me cabía casi en el pantalón, dijo mi concuño:

- Nosotros vinimos juntos y así nos vamos a ir, vamos a caminar nomás tantito, al cerro, más arribita, ahí vamos a dormir, mañana no podemos caminar de día, tenemos que esperar la noche, ahí chequean, a ver si descansas algo.

Ahí nos quedamos, descansé todo el día, ya en la tardecita bajamos algo del cerro, me compuse un poquito, seguimos caminando toda la noche; pasamos el peligro de donde checaban, ahí volvimos a dormir, otro día llegamos donde sale un ojito de agua y ponen una tina y se baña uno y ahí llegan venados y todo... y también ahí agarra la migración, porque sabían que ahí hacían paraje. Me bañé y me compuse algo, nos estuvimos todo el día, comimos y agarramos vuelta la caminada, toda la noche, pasamos el pueblito de Borrego, bajamos, había de esos pinos altos, con culebras, agarramos la noche y en el caminos se nos viene un viento bien fuerte, era como una tormenta de arena que pegaba bien fuerte, nosotros pasamos, pasó la tormenta y le digo a mi concuño:

- Deja fumar un cigarro, sirve que descansamos.

No, pues yo bien cansado de mis patas, me tire en el suelo, me puse estire y estire la mano y ¡que me voy hallando una coca!, como traíamos sed, nos la tomamos,

- Seguro si nos morimos, ni modo, ya sabemos, quién va a decir algo.

La repartimos; caminamos toda la noche y nomás una partecita de la madrugada, descansamos, dormimos un ratito y amaneció; caminamos de día, creo que sería como a las dos de la tarde cuando llegamos a Hanes, ya lejísimos.

Caminamos 5 noches, más menos, a veces descansábamos para cargar energía, fuimos y llegamos a donde estaba una bomba de esas que sacan agua, era el regador, luego, le dijo mi concuño a un gabacho que no hablaba español que si conocía a fulano.

- Oh si.

Le dije que iba enfermo, que iba un poco malo, que no habíamos comido, que teníamos como dos días, casi tres sin comer; y es que sí llevábamos tortillas pero como se enlamaron y, como tomaba pura agua y para acabarla, yo que la quería devolver, primero comía una tortilla y luego tomaba agua, como que andaba muy mal, muy débil.

Y no, ya habló con fulano, el gabacho le puso algo de más, como que exageró, nombre llegó volando aquel que conocía a mi concuño, - Me dijo el gabacho que viene uno bien enfermo.

- Le dijimos así para que te hablara, sí viene un poco mal pero no, pero sí venimos con mucha hambre, llévanos a tu casa.

- Es peligroso, pero ni modo, tengo que llevarlos.

Fuimos, compramos leche y galletas y les dije:

- Vamos comprando un seis de cervezas.

Yo traía como 50 dólares, siempre me gustaba guardar dinero por si me echaban, le compramos otro seis al ranchero, nos llevó, nos presentó, en cuanto se fue nos subimos a unos arbolitos, por si llegaba la migra. Tomamos leche, galletas y una cervecita, después nos metimos a la casa, adentro había dos personas, nos ofreció comida, uno muy buena gente.

- No se fijen, nosotros ya pasamos por esto.

Pero el otro como que no le caímos muy bien; no eran nada de nosotros, los había conocido mi concuño cuando venía, como ya había venido dos veces.

A mí concuño le dieron trabajo haciendo una zanja, duramos tres días, comíamos frijol, harina, a veces cocíamos frijoles y papas, me fijaba en mi concuño, hasta quince tortillas de harina se comía, yo también, pero siempre me agüitaba por el otro señor que no estaba muy de acuerdo. De ahí le habló mi concuño a un señor a ver si iba por nosotros, para mala suerte andaba mal el tal señor.

- Ni modo, si no vienen tenemos que ir, tenemos que echar una caminada hasta Hanes, es una noche todavía de camino.

Yo le decía a mi concuño:

- Espérate a ver si vienen.

Dije eso porque le tenía miedo a la caminada, todavía no me aliviaba de mis piernas, y eso que me ponía fomentitos que yo me hacía, machucaba ajos y luego sacaba agua de la pompa, luego lo revolvía y me lo ponía, no, unas ampollonas que se me hicieron, me quemaban y siempre abotagado, pero poco a poco se me fue quitando; por fin fueron unos muchachos, hijos del señor, fueron por nosotros, pero por 25 dólares nos iban a traer a cada uno a Los Angeles. Nos trajeron, llegamos a su casa, nos dieron de comer, me acuerdo que cuando íbamos llegando el carro empezó a fallar, en cuanto llegó a la gasolinera dije:

- ¡Hay Dios Mio!, ya de ganado no nos vayan a regresar.

Entrevista completa